Windy apartó aquel pensamiento rápidamente. Besó la frente de Flora con ternura y sonrió.
—Sí, mamá lo sabe. Ahora, Flora, ayuda a mamá a calmar a los hermanos, que están alborotados. Ya es casi la hora de cenar y de dormir.
Flora asintió lentamente, pero aún se resistía a soltar su abrazo.
Windy se levantó, manteniendo a Flora en brazos, y luego dio varias palmadas para llamar la atención de sus cinco hijos, que seguían alborotando.
—¡Niños! Ya, ya. Vamos, es la hora de cenar. Después tenéis q