Me había acostumbrado a estar en los brazos del hombre, ya que era el único lugar donde sentía que el mundo no podía venirse abajo y destruirme hasta morir. Los fuertes y musculosos brazos del hombre eran mi propio refugio personal, y sin importar dónde estuviera o lo que estuviera haciendo, siempre podría encontrar consuelo en su abrazo.
"Te prometo que no nos tiraremos el uno sobre el otro en tu oficina... aunque no prometo nada sobre ningún otro lugar de la casa de manada". Me reí entre dien