Después de cenar, mientras toda la manada salía para participar en sus ejercicios de entrenamiento y los humanos permanecían una vez más en la sala de estar, me excusé y me permití intentar por fin poner las cosas en marcha. Estaba resultando extremadamente difícil.
Llamé por teléfono, envíe mensajes y correos electrónicos, solicité videoconferencias a la vieja escuela y rebusqué en todo el contenido de la computadora portátil. Pero no conseguía nada. Supongo que hay una razón por la que la reb