Mundo de ficçãoIniciar sessãoCansada da vida que leva com sua mãe e farta de ter que trocar os papéis de mãe e filha, Isadora sai de casa rumo à uma nova vida na decisão de achar seu pai que não vê desde pequena. Nesse novo lugar, nessa nova Cidade cheia de surpresas, ela encontra tudo o que procura e mais um pouco, mesmo que esse pouco seja surpreendentemente confuso e misterioso. Um mistério que vai entrar em sua cabeça e em seu coração de uma forma enlouquecedora.
Ler maisVICTORIA
El aire acondicionado de la oficina central me golpea la cara, pero no logra enfriar la ansiedad que me recorre la columna. Son las seis y media de la mañana. Falta exactamente dos horas para que se inicie la junta que decidirá el destino de un contrato de decenas de miles de millones de dólares, y el asiento presidencial sigue vacío.
Ajusto mi falda de tubo con mal humor a estas alturas. Mis dedos tamborilean sobre la superficie de cristal de mi escritorio mientras miro la pantalla de mi teléfono. Cinco llamadas perdidas. Todas a él. Todas ignoradas.
—¿Dónde diablos estás, Maximiliano? —susurro para las paredes mudas de la recepción.
Es un hombre exasperante.
Un tirano con carácter volcánico que parece disfrutar llevándome al borde del colapso nervioso. Ser su asistente es como caminar sobre una cuerda floja. Un paso en falso y me desintegro. Es exigente hasta la médula, impredecible como una tormenta en alta mar y carente de cualquier atisbo de cortesía básica.
Y cuando quiere, un completo irresponsable, pedante, descarado y….
Vuelvo a marcar. El tono de llamada suena una, dos, tres veces antes de saltar al buzón de voz. Aprieto el aparato con una fuerza que me hace doler los nudillos.
Me pregunto, por milésima vez en este mes, qué demonios hago aquí. Por qué soporto esto y su arrogancia desmedida.
Pero recuerdo la clínica de fertilidad.
También el salario, es jugoso.
Ser madre no es un capricho para mí; es un proyecto de vida que requiere una buena planeación financiera y el tratamiento es muy costoso.
Tengo problemas para concebir y llevo casada cinco años, y tres años intentando quedar embarazada y ya un año de tratamiento.
Entro en la sala de juntas y coloco los dossiers sobre la mesa de caoba. Markov no tolera un solo milímetro de error. Me acerco a la cafetera, el aroma del grano tostado llena el espacio, pero mi mente está en otra parte, lejos de los millones que se discutirán aquí.
Saco el teléfono y marco el número de Adel. A mi esposo.
—¿Sí? —su voz suena distraída.
—Adel, es por lo de mañana —digo, bajando la voz por si los pasos de mi jefe se acercan—. La cita en la clínica de fertilidad es a las diez. ¿Me vas a acompañar o nos vemos allá?
Escucho un suspiro al otro lado de la línea.
—No puedo, Victoria. Me surgió un imprevisto en la oficina, tengo demasiado trabajo acumulado. Ve tú, encárgate de los trámites, firma lo que sea necesario y ya en la noche... bueno, en la noche "hacemos el trabajo" nosotros dos.
El corazón se me hunde. No es la primera vez que usa esa broma cínica para restarle importancia al proceso.
—Adel, se trata de que hagamos esto juntos —respondo, sintiendo un nudo de frustración en la garganta—. Es un camino de dos. No es solo firmar papeles y acostarse.
—No te pongas dramática —suelta él, cortante—. Tú querías esto, ¿no? Pues adelante. Tengo que colgar, el jefe me llama.
El tono de ocupado me golpea el oído. Me quedo inmóvil frente a la cafetera, con la mirada perdida en los documentos de la junta. Una tristeza pesada, de esas que se instalan en los huesos, me invade. Parece que en este matrimonio soy la única que le pone empeño al sueño de ser padres. Yo pongo el dinero, yo pongo las citas, yo pongo el cuerpo y la ansiedad, mientras él solo lo ve como un trámite molesto que se soluciona en la cama.
Me limpio una lágrima antes de que arruine mi maquillaje. No tengo tiempo para desmoronarme. Soy la secretaria de un imperio y el dueño de ese imperio está a punto de entrar por esa puerta. Guardo el teléfono, enderezo la espalda y asumo mi papel.
El pitido del mensaje entrante me saca de mis pensamientos. Saco el teléfono esperando una disculpa de Adel, pero el nombre en la pantalla es
Maximiliano Markov.
Solo tres palabras, breves y tiránicas.
“Ven a mi casa”.
Frunzo el ceño y la irratacion que se desata me recorre las sienes. Miro el reloj de la sala de juntas; la reunión es en menos de una hora y el sigue son aparecer.
—Otra vez con tus caprichos, Maximiliano…
Salgo del edificio a zancadas, bajo al estacionamiento y subo al sedán negro de la compañía. Cierro la puerta con una fuerza excesiva y no me importa, que se dañe, es un vehículo de la empresa, como lo es mi tiempo y, a veces siento, que hasta mi propia paciencia.
Conduzco hacia la villa de los Markov con el pulso acelerado por la indignación.
Apenas cruzo el umbral del vestíbulo, el silencio de la mansión se ve roto por una amalgama de sonidos inconfundibles que provienen del piso de arriba. Jadeos, risas ahogadas, el roce de las sábanas.
El maldito está cogiendo otra vez.
Un suspiro pesado escapa de mis labios; es la enésima vez que tengo que lidiar con sus "descuidos" de faldas antes de una junta importante.
Subo las escaleras. No necesito tocar. El sonido que escapa por la rendija entreabierta es crudo, animal y rítmico.
Es el sonido de Maximiliano tomando lo que quiere, con esa voracidad que aplica a todo en su vida.
Me acerco un poco más, impulsada por una curiosidad que me quema las entrañas.
Miro por el espacio de la puerta.
y..
Él está de espaldas a mí, pero su presencia llena cada rincón de la habitación. Veo la tensión en sus hombros anchos, el juego de los músculos de su espalda tatuada bajo la luz tenue. Le está dando con una fuerza brutal, casi violenta, a la mujer que gime debajo de él. No hay ternura en sus movimientos; es una embestida tras otra.
Una, dos, tres, diez, va y viene poniéndome la respiración inestable.
Verlo así, tan entregado a su instinto básico mientras el negocio de los miles de millones espera abajo, me dispara la adrenalina. La rabia me sube por la garganta como ácido. Es la bajeza de su descaro, la forma en que usa a las personas como objetos desechables.
Aprieto los puños hasta que las uñas se clavan en mis palmas. No puedo seguir mirando, pero no puedo retirarme. El aire en el pasillo se vuelve pesado, cargado con el olor al sexo ajeno y a mi propia indignación.
Empujo la puerta de golpe, dejando que el estruendo rompa el ritmo de sus cuerpos.
—¿Qué estás haciendo? —grito, con la voz entrecortada por la adrenalina y una rabia que ya no sé si es profesional o personal.
Maximiliano y la mujer rubia se detienen en seco. Me acerco a la cama y, antes de que él pueda articular una sola de sus excusas arrogantes, descargo mi mano contra su mejilla.
El sonido de la bofetada es nítido, contundente.
—¡Cómo puedes ser tan descarado! —le espeto, mientras mis ojos se llenan de unas lágrimas que son puro fuego—. ¿Recuerdas lo que me dijiste anoche? ¡Dijiste que yo era la única en tu vida!
La mujer, cubriéndose torpemente con las sábanas de seda, me mira con una confusión absoluta.
—¿Quién eres tú? —pregunta ella, con la voz temblorosa.
—Soy su esposa —suelto y mientras hablo, llevo mi mano a mi vientre en un gesto deliberado—. Y además, soy la madre de su hijo.
El silencio que sigue es sepulcral. La mujer se queda atónita, pálida como el mármol. Pero es la expresión de Maximiliano la que me sostiene: sus ojos, siempre calculadores, están fijos en mi mano sobre mi vientre, procesando una mentira que acaba de cambiar el tablero de juego para siempre.
- Ta pronta pra descer? - Jack apareceu do nada me dando um susto. Ele riu da minha cara e fechou a porta do quarto. - Que ansiedade é essa meu bem? como vocé está agora?- Eu to um poço de nervosismo. - falei e ele riu mais uma vez, me deixando irritada. - do que ta rindo? eu to falando serio, to muito ansiosa.- Calma meu bem, vem ca.Ele me abraçou e me envolveu em seus braços. Seu abraço sempre me tras o conforto que eu preciso, na hora sempre certa. Eu nunca vou me cansar disso, nunca mesmo. O que eu sinto quando me abraça, me reconforta, me deixa sempre melhor. Respirei e olhei em seus olhos.- E você como está?- Eu estou bem, mas também estou ansioso. Quero saber o que eles vão pensar, se vão surtar como eu surtei.- Eu também quero saber logo. - Respirei bem fundo dessa vez e peguei em sua mão. - Vamos, eu estou melhor. Essa
*2 anos depois*- Pai!Falei ao me deparar com a mesa totalmente cheia de ocmida. Não esperava que ele fosse fazer tudo isso baseado nas poucas coisas que falei. Falei que iria chegar de lua de mel hoje, e que queria me reunir com todo mundo aqui para celebrar nossa volta.-Não precisava se preocupar desse jeito!- Precisava sim, você sabe o quanto o pai de Jack come? - Ele riu, achando graça, e continuou colocando os pratos na mesa. - Alias, eu não entendi muito bem esse reunião aqui.- Eu quero que seja na sua casa - Falei rindo e o abracei - Não posso dizer o que é ainda, é surpresa.- Não sei se gosto muito das suas surpresas Isadora...Ele riu e saiu da cozinha.Eu e Jack acabamos de chegar na cidade. Ele foi na tribo visitar sua familia e eu vim ver meu pai. Nós nos casamos há duas semanas. Não houve uma cerimonia em igre
*um dia antes*~ JACKTentei abrir os olhos, e ainda estava um pouco tonto. Não vi nada de início, a visão continuava embaçada. Tentei olhar ao redor e vi vultos se mexendo também. Chacoalhei o rosto com a intenção de deixar a visão um pouco melhor, e consegui ver Isadora um pouco longe de mim. Me levantei e corri até ela para ver se estava bem, mas não tive resposta de nenhuma pergunta que eu fiz.Ela estava apagada e não respondia a nenhum estímulo que tentei fazer, mas pelo menos estava respirando, fraco.Olhei ao redor, procurando Evely, que estava caída do outro lado da casa. A casinha é pequena por fora, mas por dentro é um pouco maior do que é vista por fora. Magia, é claro.- Isadora, acorde – tentei mais uma vez fazer ela me responder, mas não tive respostas mais uma vez. Ent&atil
-Filha, quero te apresentar a Márcia, minha namorada. -Ele falou alegre e eu a cumprimentei. Passamos a tarde conversando e se conhecendo. O intrigante, é que a mesma marca que surgiu em mim do medalhão, havia em seu pulso. Esperei meu pai sair para tirar minha dúvida.-Onde fez essa tatuagem? -Perguntei com quem não quer nada.-No mesmo lugar onde você conseguiu a sua. -Piscou. Meu estômago girou. -Quando fiz dezoito anos ganhei essa tatuagem.-Então você é...-Sim, eu sou.-Meu pai sabe? -Perguntei curiosa. Se ele souber, eu daria um jeito de contar sobre mim também.-Não sabe. Mas eu gosto muito dele e pretendo um dia lhe contar sobre o que eu sou de verdade. Começar uma relação com mentiras não é certo eu sei, mas se contar agora, talvez ele não entenda. -Ela disse com sinceridade.
Último capítulo