Ya ha pasado un mes desde el torneo que Daniel ganó y al parecer un cazatalentos se fijó en él. Estaba hablando con Daniel por teléfono.
"Daniel, ¿entonces no podrás pasar por mi casa? Te veo en la plaza entonces", le dije mientras me arreglaba frente al espejo.
"Sí, niña. Es que ya ves, el entrenador no me va a dejar hasta más tarde. Te veo a las 3, ¿ok? No llegues tarde", respondió él.
"Ok, te veo en el mismo lugar", le dije mientras jugaba con mi collar.
"Ok, novia mía", dijo él y yo sonreí.