Al abrir sus ojos sabía lo que tenía que hacer y no quería seguir pensando. Así que tomó su celular y en cuanto escuchó la voz de su padre iniciaron las preguntas.
—Solo deseo que me respondas con la verdad ¿Te importa mi felicidad?
—¡Hija mía! No imaginas el deseo tan inmenso de querer escuchar tu voz que sentía ¿Cómo estás?
—Estoy muy bien, pero te acabo de hacer una pregunta y espero respuesta.
—Siempre me ha importado tu felicidad y todo de ti, pero como sabes, las personas tendemos a comet