El sentimiento de perdedora era algo que no caracterizaba a Helen y todo lo ocurrido con Elliot era más que una falta de respeto. Esa noche no durmió tratando de atar cabos y buscando la mejor manera de eliminar a todos los que amenazaban con quitarle su paz y tranquilidad.
—¿Te sientes bien? —se acercó María, preocupada por lo que apreciaba en el rostro de su jefa.
—No. No estoy para nada bien —En ese momento miró a su sirvienta. —¿Qué es lo más loco que harías por amor?
La sirvienta pensó un