41. DESAPARECIDA
Noah
–¡No está! ¡Sus cosas tampoco están!
–No entiendo, ¿para qué me llamas a mí si la responsabilidad de cuidarla era tuya? Te lo dije claro, Meier, si algo le pasa a Lu…
–¡Tú sabes dónde está! ¡Tienes los malditos códigos de estas pulseras!
–Con que alguien intentó hackear mis dispositivos –soltó con sorna el muy imbécil mientras mis nervios empeoraban.
–¡Ja! como si no lo supieras… Oz, por favor… Si sabes dónde está solo dime.
–Te dije que ya era hora de que tuviesen más libertades, tú fuist