Charlotte
Estaba ahogada, mi pecho subía y bajaba mientras aún permanecía entre los brazos de Federick. Él no dejaba de llenarme de besos, absorto en adorar mi cuerpo, y por un instante no me resistí. Todo lo contrario, lo dejé disfrutar de mí, y yo también lo disfruté.
—¡Cómo adoro tu piel! —susurró, mientras dejaba un beso en mi vientre.
Pero cuando mi respiración se normalizó, me enderecé y me solté de su abrazo. Sin decir nada, empecé a vestirme.
—Charlotte, sé que suena estúpido, pero quis