Mi esposa

Akira me trajo del hospital a la casa, ha estado al pendiente de todo. Me acostó en la cama y se sentó a mi lado.

—Espero te quedes aquí acostada, no quiero que te levantes hasta que te sientas mejor. Tu cuerpo aún está algo débil y no quiero que te vaya a suceder algo. Espero me escuches y hagas caso, lisa.

—No te preocupes, Akira.

—Si me preocupo, tonta. Quiero que te relajes y duermas, lo nec
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