En el pasillo del hotel de cinco estrellas, se extendía una lujosa alfombra persa, mientras que las paredes a ambos lados estaban revestidas con azulejos de alta calidad, tan brillantes que casi podían usarse como espejos, reflejando claramente las expresiones de quienes pasaban.
Manuel observó a la mujer elegante que se acercaba lentamente hacia él. Frunció el ceño ligeramente, pero pronto recuperó la calma. Extendió la mano para presionar el botón del ascensor, observando fijamente las luces r