***NARRA ALMA ROSA***
Ciudad de México
Me senté en la silla que estaba al frente de su escritorio, porque si por él fuera, me quedaba todo el tiempo parada, y así se pensaba que lo llamaría padre, o papá, estaba muy equivocado, pues él, todo el tiempo supo que yo era su hija y nunca me trató como tal. Así que no espere que sea educada o respetuosa con él.
–Veo que vienes con las pistolas desenvainadas – Me reclamó, Manuel.
Lo podía tomar como le diera la gana, eso a mí no me afectaba, porque ta