Un día, mientras Lucía trabajaba en la galería, recibió una sorpresa inesperada. Elena había decidido volar a Londres para visitarla y apoyarla en los preparativos finales de la exposición. La alegría de Lucía al ver a Elena fue indescriptible.
"¡No puedo creer que estés aquí!" exclamó Lucía mientras corría a abrazarla.
"No podía dejar que pasaras por esto sola," respondió Elena con una sonrisa. "Quiero estar a tu lado en cada paso del camino."
La inauguración en Londres fue otro éxito rotundo.