Capítulo 56. Milagro.
Horas después, el poco personal que Amanda había logrado contratar se había marchado a casa, dejando la firma sumida en un silencio pesado.

Ella se quedó a solas con Adriana, rodeada de planos, tazas de café frío y con el agua de los gastos fijos llegándole al cuello.

Haber abierto la oficina por todo lo alto en un distrito tan exclusivo de California había sido un salto de fe, pero la realidad financiera se la estaba comiendo viva antes de siquiera empezar a correr.

Adriana revisó una vez más l
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