no quiero perder

Los ojos de Rafael parpadearon, su mano se sentía entumecida y no podía moverla. Vagamente olía el fuerte aroma a fenol, el distintivo olor de hospital. Se obligó a abrir los ojos, deslumbrado, Rafael los cerró nuevamente y los abrió lentamente.

Lo primero que pudo ver fue el cabello largo y negro sobre su mano derecha. Rafael sonrió, la imagen de Anna que lo había ayudado con tanto esfuerzo a subir al auto lo hizo estar seguro de que esa mujer no lo odiaba realmente.

"Anna..." susurró suavemen
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