Rubén tomó la mano de Alana y la sacó de la tienda. Alana, esa mujer tonta, se había humillado a sí misma y a Rubén allí mismo.
Una vez fuera de la tienda, Alana apartó la mano de Rubén. Lo miró con furia.
"¿Dónde has puesto mi dinero, eh?", preguntó mientras empujaba el pecho de Rubén con su dedo índice. Según sus recuerdos, el dinero en su cuenta bancaria era enorme, pero de repente no era suficiente para pagar sus compras, que solo ascendían a unos pocos millones.
El rostro de Rubén se volvi