Mundo ficciónIniciar sesión—¿Un maldito beso y la promesa de que cambiará te bastó para que lo aceptaras otra vez? —miré por el reflejo del espejo a Adam, quien pasó ambas manos por su rostro y se dejó caer de espaldas a mi cama.
Maquillé mis pestañas con un rímel de color azul y luego recogí mi cabello en una coleta alta. No podía negarle que estuviera tan molesto. Yo misma me sentía estúpida por haber caído rendida a sus encantos otra vez, después de ese caliente beso que me había dado en el







