Pasada una semana sin que a Valeria o Franco se les ocurriera alguna idea para lograr esquivar la bomba que el señor Carrizosa estaba por lanzar sobre sus cabezas. Por mucho que repasaron el testamento, era innegable el hecho de que si Franco se casaba con una mujer que no solo ya estaba embarazada, sino que los hijos que crecían en su vientre no eran los suyos, ella podía ser considerada una desvergonzada, una mala mujer, para nada la “buena chica” con la que la madre de Franco había soñado qu