Ren
Tres años después…
Sonó el timbre. Un golpe, lo suficientemente fuerte para ser notado y ser escuchado desde la puerta cerrada de mi habitación en nuestro humilde apartamento.
"¡Ya voy!" Recogiendo mi cabello todavía mojado en un moño desordenado, me miré en el espejo de tocador en mi vestidor. Prácticamente corro para abrir la puerta, después de verme en el espejo para asegurar que estaba decente. Tenía miedo de que la madera se partiera a cuatro por los fuertes golpes hechos por la persona