ANDREA
—¿Por qué siempre huyes?— Preguntó mientras caminaba hacia mí. Cuanto más se acercaba, más nerviosa me ponía y lo odiaba.
—Bueno, un cautivo tiene derecho a huir de su captor— le dije y él suspiró frotándose la mano en la cara.
—No soy tu captor, Andrea. Soy tu Mate. ¿Cuántas veces tengo que decírtelo?— Preguntó y me di la vuelta evitando su mirada.
—Vi un lobo— hablé y lo escuché tararear en respuesta.
—Era mucho más grande que uno normal— le dije y me quedé en silencio durante unos mi