Le Rosey ofrecía no solo los mejores menús nocturnos de la ciudad, también, la más hermosa vista de la torre Eiffel, era simplemente fascinante, el mejor lugar para pasar una buena noche, o al menos lo había sido durante un buen tiempo, antes de que Alfred Fortier la siguiera como una sombra a todos lados.
Los pasos de ambos jóvenes resonaban en el eco de aquel pasillo uno detrás del otro, Ceres se sentía harta, ofendida…Alfred la seguía con determinación y toda la intención de obedec