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Alison.
― ¡Bájame, maldito James! ―le grito, golpeándolo como puedo, aunque no le hago el más mínimo daño, porque sigue arrastrándome hasta su limosina como si nada, a pesar de que estoy luchando con todo lo que tengo.
Entonces, me tira hasta adentro de la limosina y no me permite salir, a pesar de que lo intento de todas las maneras posibles, pero él, con su enorme cuerpo, abarca todo el espacio de la puerta y me vuelve a arrojar contra uno de los asientos.
―A casa, Walter―le dice a su cho