No logré procesar la presencia de mi hijo y mi mujer cuando Samantha soltó una risita y me susurró al oído: «eres un hijo de perra», antes de ponerse de pie y acercarse un paso a ellos. Estoy tan sorprendido que no logro decir palabra alguna ni mucho menos parpadear. Ellos se ven aquí, frente a mí como si se trataran de un espejismo, de una burla de mi imaginación.
«¿A qué han venido desde tan lejos? ¿Mi hijo me aceptará o solo vino a decirme que no quiere que haga parte de su mundo a estas alt