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Me di la vuelta y me acerqué a la mesita donde Aubree se revolvía en su sillita. Sonreí mientras me inclinaba y la desabrochaba antes de cogerla suavemente en brazos. En cuanto estuvo acurrucada contra mí, sus gritos se redujeron a gemidos. Le sonreí, invadida de repente por una sensación de paz. Tener a Aubree en mis brazos me hacía estar mucho más ansiosa por la llegada al mundo de mi propia hija. Seguía sonriendo a la peque&nti

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