Magnus
La noticia me golpeó con la fuerza de un impacto seco, directo al esternón, dejándome sin aire por una milésima de segundo.
Yo, que me jactaba de anticipar cada movimiento de mis rivales antes de que siquiera pensaran en dar un paso, me encontraba completamente desarmado en el centro de mi propio dormitorio.
Miré a Valerie de arriba a abajo, recorriendo con la mirada las curvas que unas horas antes se amoldaban a mis manos con una perfección casi dolorosa.
Llevaba puesta mi bata de sed