Las puertas dobles de la sala de juntas terminaron de cerrarse tras el eco amortiguado de los gritos de Cynthia.
El pasillo quedó en un silencio denso, quebradizo, como si la estructura de cristal y acero de la empresa aún temblara tras el impacto de la caída.
Me quedé de pie en la cabecera de la enorme mesa de nogal.
Apoyé con firmeza la palma de la mano sobre la superficie de la madera pulida para estabilizar el ligero temblor de mis rodillas.
Respiré hondo, despacio, sintiendo la suave ca