Me llevé la mano libre a la boca para ahogar un gemido de espanto.
La imagen de mi propia vulnerabilidad en aquella mesa, la imagen de mí misma bebiendo ese líquido transparente sin saber que estaba ingiriendo mi propia sentencia, me provocó una náusea violenta.
No era solo la ambición corporativa de la junta directiva lo que me rodeaba, era una red de odio capaz de recurrir al asesinato.
Cynthia, Arthur... o tal vez el propio Julián, tenía que ser uno de ellos.
La sola sospecha de que algui