—Abuelo, ¿estás bien? —Walter finalmente tuvo la oportunidad de preguntar cómo estaba.
Sancho sacudió la cabeza, y su actitud hacia Walter fue un poco más suave que antes.
—Hay demasiada gente. Vamos despacio —suspiró Lorena.
—Sí —sonrió Sancho—. No te preocupes, estoy bien.
—Con la edad que tenemos, caerse puede ser mortal —Lorena, abrumada, apretó el brazo de Sancho—. Agárrate de mí.
—Si me agarro a ti, te llevaré conmigo si caigo —gruñó Sancho.
—No me importa, agárrate a mí —insistió Lorena.