Sebastián
Scarlett, o mejor dicho, Scar. no se parecía a ninguna reina de baile anterior.
No pudo dejar más claro que le importaba un carajo todo eso. No estaba de pie saludando, ni lanzando besos, ni sonriendo a la multitud que enloquecía por ella. Simplemente descansaba en su trono, apoyándose perezosamente en la carroza como un gato somnoliento, curvando sus dedos con gracia cuando le apetece, con los labios ligeramente arqueados sin esfuerzo. Y cuando eso encendía a la multitud, solo soltaba