Mundo de ficçãoIniciar sessãoCAPÍTULO XXV. LOS PELIGROS DE STEIGGAD
Gael
Había pasado un rato desde que Anissa se marchó, pero yo no podía dejar de pensar en ella.
Me encontraba sentado en uno de los sofás del salón compartido con mi habitación, uno de mis brazos descansaba sobre el reposabrazos y mis ojos se perdían en ninguna parte en específico. Mientras ta







