Capitulo 59 llévensela

La espalda de Ana ya estaba empapada de sudor.

—S— señor Peralta…

Podía gritarle a Belén con facilidad, pero no se atrevía a gritarle a Daniel, quien retiró el brazo y anunció con frialdad:

—¡Sé que mucha gente se muere por conseguir mi tarjeta de presentación! Así que nunca he visto a alguien desecharla como si fuera basura, señorita García, ¿estás tan resentida conmigo?

Sus ojos se entrecerraron en un estado de conmoción, tragó saliva apresuradamente y pudo hablar.

—N—no, es porque Belén
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