Sin embargo, para sorpresa de Eva, Amílcar ni siquiera miró a Belén; en lugar de eso, la fulminó a ella con la mirada.
Ante su mirada, sintió que los ojos del hombre la petrificaban en el lugar. De seguro estaba asustada.
—A‐Amílcar, ¿por qué me miras así? —tartamudeó y se dejó caer sobre su asiento.
Amílcar rio con voz grave.
—Eva, porque eres la prima de William, te perdonaré por ser grosera con Belén. Pero no quiero que esto vuelva a suceder. ¡Ahora deberías irte! ¡Largo!
—Amílcar, ¿pre