La espalda de Belén se empapó instantáneamente de un sudor frío al pensar eso. No podía creer que el hacker fuera capaz de seguirla hasta ahí desde Distrito imperial.
Además, había colocado una bomba en el barco. Eso le recordó la conversación que el hacker tuvo con ella. Le advirtió que si se negaba a unirse a ellos, la bomba que tenía delante sería su único desenlace.
Así, respiró profundo varias veces más antes de atender la llamada.
—¿Quién eres? — preguntó con frialdad.
Una voz que son