—«Santiago, debes estar bromeando. Tal vez está enojado y se quiere vengar de mí».
Horacio ya había tenido suficiente de sus excentricidades. Era su familiar, y no quería ver a Santiago humillado en público.
— Alicia, Ana está muerta. Sé que es difícil aceptar, pero es la verdad. Mis condolencias —replicó.
De hecho, Horacio se sentía agotado.
Después de meterse en problema, su hija había hecho un gran alboroto y se había rehusado a ir al ayuntamiento para casarse. Antes de dejar la casa ese