En este punto, Tang Ruochu se dio cuenta qué quería decir él.
Sus mejillas se volvieron rojas y todo su cuerpo se sintió extremadamente tieso. Ella no se atrevía a mover un solo músculo.
“¡Quien…quien lo hace así!”
Ella se mordió su labio inferior de la pura vergüenza. Sus dos mejillas eran un rosa atractivo, haciendo que otros quisieran darle una mordida.
“Si mi esposa no está dispuesta, entonces no lo forzare,” dijo ligeramente Lu Shijin, expresando su voluntad de respetar su decisión. Sin em