Todos estaban maravillados por esa escena.
En ese momento, Tang Ruochu recordó que no había sentido tanta felicidad en mucho tiempo. Quería esconder esa escena en lo más profundo de su corazón para no poder olvidarla incluso si se volvía vieja y lenta en el futuro.
Después de que terminó la canción, cuando la última nota flotó desde el aire, todos recobraron el sentido. Un estruendoso aplauso rugió dentro del salón y tardó mucho en disiparse.
"Cariño, bailas bien."
En medio de la conmoción,