Punto de vista de Elara
Siempre había pensado que el miedo tenía voz.
Resulta que sonaba muy parecido a la risa perezosa de un hombre que fingía ser otra persona, de pie en el umbral de tu dormitorio como si fuera el dueño de tu vida y del aire tenue que respirabas.
Cuando Mateo —de quien ahora estaba segura de que era un farsante y probablemente algún mandadero del diablo con ojos demasiado oscuros para contener la luz del sol— entró por primera vez, pensé que iba a morir. No. Tachado. Sab