Capítulo 11. Sobre los zapatos
Ethan apretó los puños con fuerza al escuchar lo que Anna le contaba. La sangre le hervía en las venas.
—¡Mateo es un imbécil! Le voy a dar una lección.
—No hace falta, señor, al fin y al cabo no es a usted ni a su familia a quienes han hecho daño.
—¿A dónde vas? —Anna, que estaba a punto de levantarse, fue retenida por Ethan.
«Quiero volver a mi escritorio porque aún no he terminado mi trabajo».
«No tienes que trabajar, mejor descansa un rato o vamos al médico a que te revisen la pierna».
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