### **Capítulo 42**
### **Punto de vista de Ferdinand**
Me quedé allí, de pie frente al portón de la casa de mi madre, con los puños apretados, el corazón en llamas y la garganta oprimida. El guardia, un hombre imponente y silencioso, me prohibía la entrada por orden estricta de mi madre. Estaba atónito. ¿Cómo podía negarme el acceso? ¿A mí, su hijo? ¿A mí, que siempre había respetado y admirado a esa mujer que había sido mi pilar?
—¡Déjeme pasar! —grité, con la voz temblando de ira y desespera