Alba Miller
Estaba muy molesta. La furia latía en mis sienes mientras me dirigía a la oficina de Gabriel. Hace días no aparecía en mi casa. Mi paciencia se agotaba, y necesitaba respuestas.
Al llegar a su oficina, mi ira aumentó al verlo completamente absorto en su trabajo, como si yo no existiera. Me detuve en la puerta, observándolo mientras hablaba por teléfono, ni siquiera levantando la vista para reconocer mi presencia. Sentí como una oleada de resentimiento me recorría el cuerpo.
—Gabrie