Su amenaza me hizo quedarme en silencio. No había coqueteado con Terry. Él había coqueteado conmigo. Pero tal vez eso era suficiente para que me lo echaran en la cara.
“Sedujiste a mi hermano”, dijo la Luna, “y no te saldrás con la tuya”. Una llama furiosa ardía en sus ojos. Su expresión, normalmente recatada, estaba llena de disgusto.
No quería tener esta conversación con Elva escuchando.
“Su Majestad”, dije, levantándome de mi silla. “Si pudiéramos tener esta conversación en el pasill