Mundo de ficçãoIniciar sessãoTomo varias bocanadas de aire, sus ojos están encima de mí, mirando como me deshago por él. Gritos contenidos, gemidos medidos y mis puños cerrados al rededor del edredón son los testigos de lo que está pasando aquí. Max pasa su dedo índice por debajo de mis bragas, juega como siempre a tocar y a no tocar, es una maldita tortura, pero me gusta.
—¿Siempre estás así de humeda? No sabes cuanto logra p







