SEBASTIAN
Dos golpes en la puerta y esos dos golpes me bastan para saber quien osa de interrumpir mi ejercicio matutino. Es esa tonta niña nueva que ha empezado a trabajar en la casa de mi abuela, no me cae bien porque en sus ojos hay rebeldía, pero a la vez miedo y de vez en cuando se le olvida que no somos hermanos, sino que soy el n ieto de aquella que le paga un salario nada bajo. Mi abuela no es ninguna mujer aprovechada, creo que es la perosna mas dulce del mundo, por eso creo que quien s