Mundo de ficçãoIniciar sessãoCuando el viejo Chevette se estacionó frente a la casa, Antonela vio a Adam jugando en el patio mientras Fabricio lo vigilaba. Aquellas habían sido órdenes de Henrico: mientras ellos estuvieran en el funeral, debían vigilar al pequeño Adam para que nadie se atreviera a acercarse a él otra vez y secuestrarlo.
Los ojos de ella se llenaron de lágrimas. Antonela no soportaría vivir lejos de su hijo. El camino de vuelta a casa fue sile







