Capítulo 37
La bañera
Mis ojos recorrieron el cuerpo húmedo de mi esposo. Se sostenía del marco de la puerta con fuerza para no caerse. Su rostro estaba tan enrojecido, como si hubiese llorado por mucho tiempo. Intenté acercarme a él, pero el olor a alcohol que desprendía de su cuerpo me obligó a retroceder.
Mis manos tiraron de él para poder guiarlo hacia el sofá más cercano. Cayó a un costado de él sin siquiera poder articular correctamente alguna palabra. Como pude, le quité los zapatos y la