Samantha se encuentra sentada en la sala, con las manos aferradas al borde de la falda de su vestido, mirada baja y expresión sumisa y asustada. La mujer de cabellera castaña, ojos oscuros y cuerpo esbelto, ceñido en un vestido de tela gruesa y de color negro; y de cabello peinado en una coleta alta y estilizada, la observa con una ceja levantada y un látigo negro en manos, de esos que se utilizan para domar a los caballos.
—¿Acaso te eduqué de esa manera, Samantha? —interpela mientras juega co