Samantha sorbe su chocolate y mira a su amiga con una mueca.
—Eres rara —dice. Ella muerde su tostada y vuelve a sorber la bebida caliente.
—No soy rara, solo selectiva, creo. —Entierra el tenedor en la fruta que se encuentra en su plato—. Quizás nací para estar sola. Es que no logro enamorarme de nadie, me aburro fácil de los hombres.
—Debe ser que ninguno llena tus expectativas. Creo que me pasa lo mismo. —Suspira—. Después de lo sucedido con Adam no he podido abrir mi corazón.
—Debes supe