Capítulo 57: Entré lágrimas.
Las campanadas de la media noche habían cesado, y el silencio reinaba en las calles de aquel pequeño poblado que horas antes danzaba en medio de la euforia navideña. Las luces en las casas lucían apagadas, y el viento helado calaba en los huesos.
Sin embargo, en aquella habitación, el frío no llegaba a sentirse. El fuego en la chimenea, sin embargo, no era lo que mantenía la calidez dentro, si no, aquella tan fuerte emoción que, repentinamente, calentaba a dos corazones helados.
Aquel hermoso