–Podemos ir al lugar que querías –propuse.
–Está bien –murmuró escribiendo en su teléfono –. Llegaremos a casa.
Creo que se molestó porque le dije que no, miré la ventana y tardé un instante en sentir una mano rodear mi cintura, Jacob me acercó a su cuerpo.
–¿Qué pasa? –dudó –. Creí que esto era lo que querías, ir a casa con los chicos.
–Es que… también podemos hacer lo que tu quieras.
–Yo quiero estar contigo.
Sentí su nariz rozando mi cuello, el aliento golpeando mi piel y al instante ap