Sergio
Intenta pasar por su lado y evitar una confrontación, pero, me bloquea mi paso dos veces. Le miro a los ojos y él hace lo mismo antes de preguntar:
—¿Tienes miedo de que hable?
—No tengo nada que ocultar, estuve enamorado de ella mucho tiempo, estuve casado con ella y lo más importante, no hice nada con el fin de herirle.
—La abandonaste Sergio, la usaste y la tiraste —grita y todos ponen su atención sobre nosotros.
—No me estás intimidando, esta es la casa de Dios, a él es quién vio